El testimonio más doloroso de mi vida

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#NiUnaMenos ¿Cuánto debemos esperar para dejar ese problema mal llamado amor?   Hasta cuándo pues ¿Hasta la muerte?
Hay cosas en la vida que te marcan por siempre. Hay experiencias que marcan un antes y un después,  repercuten en tu comportamiento, estado emocional o autoestima. Hay palabras que son más hirientes que un puñal y salir adelante -te sientas como te sientas- cuando tienes hijos es algo inevitable.
Lo que les voy a contar pensé jamás hacerlo público, pero creo es necesario para hacer tomar consciencia a las personas -que puedan pasar por algo similar- de que no hacer o estar atentas a diferentes señales emitidas por una pareja y prevenir,  ser parte de una situación triste o lamentable para los seres queridos.

Processed with VSCO with b1 presetPhoto by Diego Suarez. 

 Una noche hace años, regresaba a casa con alegría por haber obtenido mi primer artículo para una revista extranjera. Mis hijos estaban en casa de mi madre y mi pareja -en ese entonces- había salido con unas amistades. Como a las 9 pm le marqué al celular y explique qué no podía recogerlos, para culminar bien mi nota. Él aceptó y yo seguí escribiendo, hasta que me di cuenta de la hora. Luego le marqué nuevamente para que recogiera a mis hijos y respondió “estar en camino”. Pasaron las horas, mi desesperación crecía, hasta que apareció a la media noche con mis hijos, pasado de copas. Yo le reclamé por ese hecho y en respuesta le puso clave al computador donde estaba trabajando; le pedí que me dejara seguir trabajando en “su PC” -por qué todo era suyo y el sólo me hacía el favor de prestar dicho aparato- Como no me hacía caso, fui a nuestro cuarto, le hable muchas veces, pero me ignoró, hasta que cometí el error de bajarle la pantalla de su laptop -para que me entienda y vea mi angustia por terminar de escribir- y fue ahí que empezó todo. Él se bajó de la cama, comenzó a insultarme, yo le pedía baje la voz por los niños -que no debían escuchar esos adjetivos hacia mi persona- pero él no hacía caso; me empujó varias veces arrinconándome contra la pared de la sala y yo reaccioné abofeteando su rostro. Lo que sigue a continuación marcó mi vida: al ver su cara, iracunda, atine a correr y querer encerrarme en el baño, luego el abrió la puerta fuertemente y la empujo bruscamente de tal forma, que -producto de ello- salí disparada, me golpeé contra la ducha y quedé inconsciente. Cuando reaccioné, la situación que sucedió a continuación hasta el día de hoy es muy triste para mí: Yo, estaba tirada en el piso con la ducha de agua fría abierta -supongo que mi ex pareja quería regresarme en sí de esa manera- mientras empezaba a tomar conciencia, mi hijo lloraba asustado y gritaba que estaba muerta. Luego, con sus manitos, intentó jalarme hasta afuera junto con mi hija, de dos años en ese momento.

Mi ex pareja reaccionó y asustado llamó a todos los números de emergencia para una ambulancia me atienda. Desesperada lloraba y le decía que me lleve a un hospital, pues no soportaba el intenso dolor en la cabeza y espalda. Mi ex – pareja, me envolvió en una frazada y -lejos de reconocer su error -me hecho la culpa de todo, de ahí no recuerdo más, creo me quedé dormida. Al día siguiente cuando desperté, llevé a mis hijos con mis padres y pedí a un amigo que me lleve a la comisaría. Al llegar a denunciar el hecho, el policía a cargo me dijo: éstas perdiendo el tiempo, seguro te vas a reconciliar con tu pareja y luego vendrás a quitar esta denuncia. Sorprendida salí furiosa de ese lugar, pues lejos de sentirme protegida por la autoridad “me sentí nuevamente maltratada por otro hombre y su machismo”.
Triste y desesperada, le conté todo lo sucedido a una amiga muy querida y me recomendó la línea 100, número -confieso- que marqué con miedo luego de dos días, porque imaginé sería igual que en la comisaría. Fui personalmente a hacer la denuncia y me vio un médico legista y un psicólogo. En el Ministerio de la Mujer descubrí, que el maltrato se camufla en muchas cosas que van más allá del físico y te dejan profundas heridas, difíciles de sanar. Superar esto, me tomó tiempo y una doble vida: ser la chica de las fotos sociales, con lentes oscuros y actitud de me vale todo, pero por dentro estaba enferma y con una necesidad de continuar esa relación, así me ignore o diga cosas que agredan mi ser.

A los meses, regrese con esa persona -por presión familiar y por el que dirán también- “hasta que caí en cuenta de mi estado” y descubrí me encontraba mal -con él autoestima por los suelos- al seguir viviendo de la triste frase “algún día cambiará”. Pero decidí tomar el control de mi persona al entender que ese día jamás iba a llegar.

Por eso les dejo este mensaje: nunca provoquen a una persona en estado de ebriedad: las peores desgracias suceden bajo esta y otras sustancias. Siempre observen reacciones de las personas con las que salen, en caso de notar alguna actitud -desde el comienzo- que los hace sentir mal emocionalmente, violenta, reprime en la expresión de ideas o hace menos “ALEJENSE” pueden estar saliendo con una “persona maltratadora”.
Ahora puedo decir que superé un episodio muy triste en mi vida, aunque producto del golpe, tengo intervalos de 5 segundos para continuar una conversación y una cervis sobresalida,  que no me permite sentarme adecuadamente. Pero afortunadamente, pude superar esta penosa situación que casi me cuesta la vida, y espero poder dar valor a otras personas con este trise testimonio de mi vida.

Este Sábado 13 hombres y mujeres debemos marchar y luchar juntos por vencer la violencia que envuelve a nuestro país, no sólo por la agresión a mujeres sino de ambos géneros.   #13A #bastaya

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