Cómo para nunca olvidar

“No más Violencia” es la petición desesperada de los ciudadanos ante tanto atentado y que nunca más debemos volver a vivir.
La captura de Abimael Guzmán, significo mucho para el Perú. Con ese hecho importante en nuestro país, comenzó la caída de Sendero Luminoso.

Hoy no escribiré de moda, música o arte, simplemente trataré de refrescar mi memoria “como para no olvidar”. Hace 25 años fue capturado el hombre más sanguinario que la historia civil que el Perú lastimosamente ha tenido.

Gracias a ellos, Guzmán cayó tras un paciente seguimiento de los miembros del GEIN.

Tengo 35 años, nací y crecí aquí en Perú. Cuando me preguntan ¿cuál fue la etapa más bonita de mi vida? -a parte de mi situación actual- digo a ojos cerrados: mi adolescencia. Muchos me preguntan sorprendidos por que no respondo -como casi el promedio de la población- algo relacionado con mi niñez, pero eso tiene un porqué y lo diré a continuación.

Velorio de estudiante. Nótese la cara de terror de los niños.

Tengo memoria casi gráfica desde pequeña. Es más, mi primer recuerdo lo guardo intacto en mi memoria y data desde que tenía 3 años y medio. Mi papá llego muy tarde por la noche y con lágrimas en los ojos,  le contaba a mi mamá de como un amigo suyo, había sido asesinado por un movimiento  al que los medios denominaron terrorismo. Los ataques terroristas se convirtieron en pan de cada día, puesto que en esa época, los niños vivíamos literalmente sumidos en medio del terror, restringidos de salir a la calle y mucho menos de noche. Mis hermanos si salían a algún lugar o fiesta, debían estar preparados para los toques de queda y batidas en las calles.

Apagones, bombazos, muertes y miedo, encerrados en nuestras casas veíamos como el país se desmoronaba poco a poco, gracias a un gobierno inútil y los terroristas.  Era común para nosotros ver las noticias y a la china Chang corriendo en minifalda de un lado a otro, cubriendo algún atentado sangriento. A pesar de todo,  siento que tuve suerte, porque otros niños de mi edad -y otras ciudades- no la pasaban “tan bien como yo”. Este movimiento del horror, empleaba muchas veces a pequeños inocentes para sacrificar en nombre de su enfermiza causa. A parte, los escuadrones militares aprovechaban su poder para convertirse en una extensión más del terrorismo, tan  sádica y baja como sus acciones.

El atentado de Tratar en 1992, fue un hecho que marcó sin duda a la ciudad de Lima.

Muchas veces en las noches, los apagones generaban incertidumbre en la población. Mis hermanos y yo realizábamos casi todos los días del año nuestras tareas bajo la luz de las velas, porque casi por semana, volaban las torres de alta tensión y así poder generar el caos en la ciudad a sus anchas.

“Teng siao ping” es la frase que reza el cartel sujeto,  a esta pequeña víctima del terrorismo. Este y otros perritos fueron colgados para emitir un mensaje fuerte: muerte a los traidores y quiénes estén en contra de ésta ideología. Una locura total.

Muchos amigos de mi papá fueron asesinados por el terrorismo. Recuerdo claramente cuando asesinaron a López Albujar, a Orestes Rodríguez o cuando volaron a María Elena Moyano y en un periódico, sacaron sus miembros esparcidos por todos lados. A mí generación,  le tocó ver destellos de color rojo naranja en el cielo, que nada tenían que ver con fuegos artificiales, sino con explosiones de anfo con dinamita.  A mí generación, le tocó pasar simulacros de atentados en los colegios, donde aprendimos a agacharnos, replegarnos en el piso  y abrir la boca en caso de que haya una “onda expansiva”. Aprendimos a colocar cinta en X,  para evitar que nos lastimen las astillas de lunas con alguna explosión. Esas cintas felizmente nos salvaron de cortarnos o morir,  cuando volaron el Canal 2 a medianoche, rompiendo todas las lunas de mi casa, incluyendo la de mi cuarto. Aprendimos a vivir con el temor de una amenaza, cuando llamaban a nuestras casas cobardemente a amenazar a nuestras familias y a valorar cada momento, al ver que la familia estaba completa al final del día.

Aún me parece increíble escuchar y ver en las redes sociales, como la ignorancia de esta etapa negra del país, es desconocida por las generaciones posteriores a la mía. Jóvenes incautos que no creen en todo lo sucedido y son los mismos, que hoy son seducidos fácilmente por este movimiento que amenaza retornar y destruir,  la frágil estabilidad de nuestro país.

Ayer la insufrible Maritza Garrido – Lecca -quién estuvo involucrada en la destrucción social de un país con su apología del terror-  fue liberada. Esta mujer ocultó a uno de los genocidas más despiadados e indolentes,  el despreciable Abimael Guzmán aka “Camarada Gonzalo”. Es importante que como peruanos,  recordemos lo que el terrorismo le hizo al Perú y a toda una generación.  Por eso y más, nunca debemos olvidar de los apagones, las explosiones a causa del maldito anfo con dinamita,  la pierna cercenada de la niña de Tarata, los brazos y miembros esparcidos en canal 2, los niños en las torres de alta tensión, María Elena Moyano,  el llanto de los campesinos al perder un familiar o muchas veces a toda su familia.  Si recuerdan esos tristes años y tienen hijos, conversen de lo que vivieron y no se queden con esas experiencias sin contar ni decirles, lo  afortunados que fueron al no tener la desgracia de pasar lo que nosotros sí recordamos. Es necesario hablar de todo lo que sucedió en nuestro país, para no repetir los errores del pasado ni caer en las redes de esta apología encubierta de injusticia y frases trilladas de “igualdad social y cuentos de presos políticos”. A mi no me vengan con eso “lacras sociales”. No permitiré que mi Perú regrese a esas épocas de terror ni dejaré que mis hijos, sobrinos y familia,  vivan esos días oscuros,  entrampados en la locura de seres pusilánimes como estos terroristas.

Para finalizar los dejo con esta canción que refleja lo caótico  fueron los primeros años de la década de los noventas. Ahora sí me voy. Cambio y fuera. #terrorismonuncamas #nuncamasenelreinodelterror

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